Dicen que en el país de
los ciegos el tuerto es rey, dicen que la mona, aunque
se vista de seda, mona se queda y a veces las cuentas no
son tan claras como algunos pretenden hacernos creer.
Barquisimeto es una cenicienta que cayo en manos de un
“príncipe” empeñado en maquillarla, pese a que los
“médicos” se han cansado de diagnosticarle un terrible
cáncer con los terribles síntomas de colapso de la
plantilla de servicios públicos, pésimo transporte,
anarquía del comercio informal, abusos de la policía
municipal con los remolques indiscriminados para cumplir
con los cupos exigidos, un terminal de pasajeros
colapsado y un inconcluso servicio de transporte masivo
nacido entre gallos y medianoche sin ningún proyecto
visible y solo fruto de la improvisación.
Un alcalde que habla de “cuentas claras”, pero que no
responde al colectivo que gana el municipio cada vez que
organiza un templete con la consiguiente molestia de los
ciudadanos que tienen que soportar escándalos en la vía
pública y las amas de casa que deben madrugar a lavar
charcos de orines en el frente de sus hogares, cortesía
de los borrachitos de turno y consecuencia de la vieja
consigna: “pan y circo”.
Un señor que, descaradamente negocio los terrenos del
Triangulo del Este, para exhibir como su mayor obra la
construcción de un inmenso centro comercial y que se ha
destacado por segmentar el terreno donde se ubicaba el
Complejo Ferial para venderlo al mejor postor.
Como me gustaría ver a este señor disfrutar de un paseo
en los vetustos vehículos que se llaman con descaro
“servicio de transporte público”, o caminar por la
Avenida 20 haciendo equilibrio entre los escombros y los
cientos de buhoneros que nos atosigan con su mercancía y
con los equipos de sonido a todo volumen donde muelen el
regaeton de turno, el vallenato desesperante y las
rancheras de rigor. Lo invito a que deje su carro (no
justifico las violaciones a la Ley de Transito, pero el
remolque, aparte de lo dañino para la estructura del
automóvil, no es legal) en cualquier lugar de la ciudad
para que sus policías municipales se lo remolquen y
tenga que soportar la penosa experiencia de recuperar su
vehículo de las inescrupulosas manos de los zamuros de
los estacionamientos municipales.El candidato
(expulsado, no expulsado) del PUS (supuración de una
herida infectada), se infla de orgullo cada vez que le
presentan las encuestas que lo dan como ganador y se
olvida de que su conducta hipócrita el doce de abril del
2001 que lo llevo a apoyar al gobierno de Pedro Carmona
Estanga para, cuarenta y ocho horas después, salir
corriendo a ponerse su franelita roja y raudamente
cuadrarse de nuevo con el Poseso.
Es asombroso escuchar a gente de clara tendencia anti
chavista elogiar al sargentito de Nirgua, “Es el mejor
alcalde que ha tenido Barquisimeto” se explayan cuando
uno les replica y les ofrece pruebas contundentes de su
pésima obra de gobierno. Dense una vuelta por el “casco
histórico” cada vez que llueve y se sentirán
transportados al origen del nombre de nuestra nación “La
Pequeña Venecia”, pues al no existir drenajes las calles
se inundan y solo se puede circular en góndola. Soporten
horas de tráfico desesperante pues al señor se le
ocurrió copiarse el modelo del Transmilenio Bogotano y
sin ton, ni son nos lo impuso de la noche a la mañana de
manera burda e improvisada. Extasíe su vista en el
lejano e inconcluso Terminal de Pasajeros en la vía
Quibor o deléitese con el deplorable aspecto de la
Avenida Venezuela, desde la Vargas hasta la Avenida
Rómulo Gallegos. Visite las plazas, en el comienzo de la
gestión del jardinero Falcón maquilladas, y hoy en día
abandonadas, sucias convertidas en refugio para la
pernocta de orates e indigentes. Cálese las
interminables colas para cancelar los impuestos
municipales, y, si aún así ustedes creen que este señor
se merece la gobernación, entonces definitivamente es
mejor bajar la santamaría y cerrar de una vez por todos
esta pulpería en que han convertido a Barquisimeto.