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Reflexiones de un Caminante

LAS MAQUINAS INFERNALES I

Por: Juan Carlos Camacho Castellanos

El potro era un terrible método de tortura utilizado en el medioevo, consistía en atar las extremidades del sujeto en un aparato que, mediante una serie de cuerdas y poleas, halaba en diferentes direcciones brazos y piernas, produciendo un terrible dolor y en casos extremos descoyuntando los miembros de las victimas. El “rin” era un terrible tormento aplicado en los sótanos de la tenebrosa Seguridad Nacional durante el gobierno autocrático del General Marcos Pérez Jiménez y consistía en mantener al individuo, atado de manos y descalzo, parado sobre el filo de un rin afilado. Los presos políticos cubanos son encerrados en un cuartucho de mínimas proporciones donde deben permanecer de pie por días, sin alimento o agua.

El ser humano es la única criatura capaz de torturar a sus semejantes, es el animal “racional” que puede sentir lastima por su mascota, pero es inmisericorde con sus semejantes cuando estos son sus enemigos. A menudo, la tortura ni siquiera se le aplica a un semejante con odio, se le aplica simplemente porque es un medio para llegar a un fin. En otras ocasiones se considera que la tortura no es tal tortura, se supone que el ocasionar tormento o estrés a un semejante es para ellos “prestar un servicio”.

A veces uno hasta paga para que lo torturen, a menudo hasta se paga en exceso para recibir un trato descortés y abusivo. Ni los verdugos del medioevo, ni los esbirros de la SN, ni siquiera los “panas” del G2 cubano o los miembros de la extinta KGB soviética hubieran ideado los tormentos a que nos someten los “amables” chóferes y colectores de las líneas de transporte en cualquier parte de nuestra amada Venezuela, y allende las fronteras de esta mágica Latinoamérica.

Lo primero, Fase I, es montarse en cualquier traste con ruedas y motor que se desplazan sin control por esas calles de Dios. Si tiene “suerte” y no esta abarrotado de victimas, posiblemente logre conseguir un asiento, eso si, con sus variantes de nivel de tortura; esto es, si no esta roto, a lo mejor es un palo con un milímetro de goma espuma que se le clava en el huesito de la bailarina, o es un asiento reclinable que se quedo de por vida reclinado. Si la “tapicería” es de tela hay varias opciones, o está hedionda y húmeda de tantos cuerpos sudados que han descansado su humanidad en ellos, o sino, está rota y por ahí hay un resortito travieso que seguro le rompe su ropa y posiblemente le arranque un pedacito de pellejo. Otra de las variantes es que entre asiento y asiento no dejan espacio ni para un suspiro y usted, si es de zancos largos, va con media humanidad orientada incómodamente hacía el pasillo, con los consiguientes pisotones y bolsazos. Si la “Maquina Infernal” va llena hasta los “teque teques” a lo mejor su pobre humanidad va haciendo equilibrios en los últimos tres centímetros de estribo libres o sencillamente va empaquetada entre cientos de victimas que, como usted, escuchan al chofer o al colector gritar con descaro: “Échense pa´ tras que todavía hay espacio en el centro”.

Pero eso no es todo, cuando usted esta empaquetado o comprimido en su respectiva buseta, el verdugo enciende el reproductor con su planta de “hijuemilmillones” de vatios y comienza la Fase II del proceso de tortura. Los vallenatos mas desgarradores, los mas arrabaleros compases del regaeton, las rancheras deprimentes, las “chatarritas” (digno homenaje a sus vehículos) mas rayadas de la historia o cualquier genero musical se descomponen en sus tímpanos en un “PUM PUM PUM” atronador que unos espontáneos rematan con el tarareo embobado de las “letras” de cada tema. Y ni se le ocurra pedirle al chofer que le baje el volumen, porque el muy miserable le subirá unos cuantos decibeles más con la aprobación del colector y de unos cuantos masoquistas que nunca faltan en la buseta.

Juan Carlos Camacho Castellanos
CI 6.230.376.
unidadciudadanaven@gmail.com

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